El acto onírico
La interpretación de los sueños ocupa un lugar preponderante en el quehacer del artista-chamán-director teatral- clown místico en la búsqueda de esa otra forma de locura que es la sabiduría.
Sí, aunque la interpretación de los sueños es una práctica tan vieja como el mundo. Con el tiempo, sólo han cambiado las formas de interpretación, desde el sistema simplista que consiste en atribuir sistemáticamente un significado simbólico concreto a tal o cual imagen hasta el concepto de jung, según el cual no se trata de explicar el sueño, sino de seguir viviendolo, mediante el análisis, en estado de vigilia, a fin de ver a dónde nos conduce. La etapa siguiente, situada más allá de toda interpretanción, consiste en entrar en el sueño lúcido, en el que sabes que estás soñando, conocimiento que te da la posibilidad de trabajar sobre el contenido del sueño.
más a delante seguire con este tema...
lunes, 14 de enero de 2008
domingo, 13 de enero de 2008
excelente finde!!
http://es.youtube.com/watch?v=rSp-cSJNGdQQue diversidad existe!!!
Ser un conversador no es una caracteristica con la que me identifique mucho ya que soy de caracter un poco reservado o introvertido, por ende prefiero escribir notas acá porque de alguna u otra forma dejo un registro que después puedo leer en mis tiempos de ocio, esto me permite recordar con mayor claridad la sensacion del momento.
Este fin de semana conocí y comparti con un grupo de gente muy particular, esto me reforzó la idea de ser simpre uno mismo y de no preocuparse por el que dirán y no porque haya tenido algún problema con alguno de los conocidos, sino que me di cuenta que algunas personas viven en burbujas muy ajustadas y no lo digo porque la mía salga de lo común o sea más evolucionada, sino que cada persona tiene su propia forma de desenvolverse en el mundo, no dare mucho detalle de esto ya que no tiene mucha importancia, pero lo anoto porque hace mucho que no compartia con gente así.
Resumiendo... el día viernes la pase la raja a pesar de nunca ir a eventos electrónicos creo que la experiencia en muelle barón estuvo re buena, los Dj igual pifiaron en algunas mezclas, pero baile mucho y me diverti como nunca, el día sabado estuvo más tranquila la cosa en el depto de viña pero no menos entretenida, la palabra clave de ese día fue "keta" y después mucha conversa, risas y palancas que aún me dan risa... ja,jaj
bueno, pase a dejar un temita que si bien no es electrónico si es muy bueno.
Candlebox
Far behind
Now maybe i didn't mean to treat you bad
but i did it anyway
and now maybe
some would say your life was sad
but you lived it anyway
and so maybe
your friends they stand around they watch you crumble
as you fall to the ground
and someday
your friends they stand beside as you were flying
oh you were flying oh so high
but then some day people look at you for what they call their own
they watch you suffer
yeah they hear you calling home
but then some day we could take our time
to brush the leaves aside so you can reach us
but you left me far behind
now maybe i didn't mean to treat you oh so bad
but i did it anyway
now maybe some would say you're left with what you had
but you couldn't share the pain
no, no, no
couldn't share the pain they watch you suffer
now maybe i could have made my own mistakes
but i live with what i've known
and then maybe we might share in something great
but won't you look at where we've grown
won't you look at where we've gone
but then someday comes tomorrow holds a sense of what i fear for you
in my mind
as you trip the final line
and that cold day when you lost control
shame you left my life
so soon you should have told me
but you left me far behind
now maybe i didn't meant to treat you oh so bad
but i did it anyway
now maybe some would say you're left with what you had
but you couldn't share the pain
no, no, no
now maybe i didn't mean to treat you oh so bad
but i did it anyway
no maybe some would say you're left with what you had
but you couldn't share the pain
i said times have changed your friends
they come and watch you crumble to the ground
they watch you suffer
yeah they hold you down
hold you down
maybe brother maybe love i didn't mean to treat you bad
but you left me far behind
left me far behind
left me far behind
miércoles, 9 de enero de 2008
Toda una historia.

Hay dias en los que me encataria no tener que mirar hacia atrás y sólo me gustaria seguir hacia adelante como debe ser, sin lugar a dudas que seria lo mejor, pero el giro de las cosas tiene un particular modo de recordarme que no es tan sencillo dar vuelta la página, bueno de alguna u otra forma siempre termino encontrando el camino cada vez que cae la noche sobre mí, así es que este comentario es sólo para el desahogo...en fin!
Retomando el tema principal del titulo, hace unos dias me ofrecieron la posibilidad de revisar un sitio donde se rescataba fotográficamente un pequeño extracto de una historia personal... que importante fue verlo!, el reflejo de cada momento plasmado en imagenes me hizo pensar en la siguiente frase:
- "Como se reencantar cuando existe una crisis".
¿Tan volátil es nuestra memoria emotiva?, supongo que si y es también porque con el tiempo vamos evolucionando de acuerdo a cada vivencia personal, rescatando y depreciando lo que cada uno necesita para sentirse pleno.
Retomando el tema principal del titulo, hace unos dias me ofrecieron la posibilidad de revisar un sitio donde se rescataba fotográficamente un pequeño extracto de una historia personal... que importante fue verlo!, el reflejo de cada momento plasmado en imagenes me hizo pensar en la siguiente frase:
- "Como se reencantar cuando existe una crisis".
¿Tan volátil es nuestra memoria emotiva?, supongo que si y es también porque con el tiempo vamos evolucionando de acuerdo a cada vivencia personal, rescatando y depreciando lo que cada uno necesita para sentirse pleno.
En general con el tiempo he aprendido a respetar eso y creo que cuando las cosas se hacen con algún grado de respeto, la vida en general se simplifica y el karma se armoniza.
El tema que dedico en esta ocación es un clásico ochentero que me gusta, porque en ese tiempo la mayoria de los video clip's contaban historias con las que uno se podia identificar, es mejor que lo vean y escuchen para que entiendan de lo que hablo.
Bon jovi
livin in sing
I don't need no license
To sign on no line
And I don't need no preacher
To tell me you're mine
I don't need no diamonds
I don't need a new bride
I just need you, baby
To look me in the eye
I know they have a hard time
And your Daddy don't approve
But I don't need your Daddy
Telling us what we should do
Now there's a million questions
I could ask about our lives
But I only need one answer
To get me through the night
So I say baby, can you tell me just where we fit in
I call it love they call it living in sin
Is it you and me or just this world we're livin' in
I say we're living on love they say we're living in sin
Is it right for both our parents
Who fight it out most nights
Then pray for God's forgiveness
When they both turn out the lights
Or wear that ring of diamonds
When your heart is made of stone
You can talk but still say nothing
You stay together but alone
Or is it right to hold you
And kiss your lips goodnight
They say the promise is forever
If you sign it on the dotted line
Baby, can you tell me just where we fit in
I call it love they call it living in sin
Is it you and me or just this world we live in
I say we're living on love they say we're living in sin
Solo
Baby, can you tell me just where we fit in
I call it love they call it living in sin
Is it you and me or just this world we live in
I say we're living on love they say we're living in sin
I call it love they call it living in sin
Living in sin
I don't know where to begin
I don't know where we fit in
Living in sin
jueves, 3 de enero de 2008
A VECES LA VIDA ME SORPRENDE

Hoy quiero dedicar una entrada a una persona muy interesante y encantadora que conocí antes de terminar el 2007, lo más fascinante es que algunas predicciones sí suceden tal como se describen.
"a veces la vida me sorprende es el titulo con el que me quedo y aunque nose si algún día podre tener el gesto de mostrarle a esa persona lo que escribo aquí, si puedo por el momento dedicarle algo en mi espacio... sus propias palabras"
COSAS... por J.Hofman
La verdad es que la vida me sorprende… Pero la conclusión es que mi vida ha sido una montaña rusa, con altibajos, aunque más bajos que altos, pero variada al fín. Y contradictoriamente todavía no encontré la felicidad. Por ende, concluyo que aun me queda mucho para vivir…por qué echar raíces tan temprano? Por qué preocuparme en demasía por el trabajo? Por qué no puedo encontrar aun un equilibrio entre el placer y el deber? Que me impide ser feliz? Soy yo misma la causante de mi infelicidad así como de mis aciertos? Si… yo creo que sí. Y muchas veces me pregunto, por qué la gente justifica su vacío existencial al “destino” a la “mala suerte” y nadie se puede hacer cargo de sus propios actos? Realmente el ser humano es un caso a estudiar de por vida, pero lamento decir que aun así nada podrá afirmarse acerca de él…por que? Porque el ser humano piensa pero también siente. Y esa infinidad que imaginamos puede existir más allá de la luna, es la misma en dimensiones que ocupa nuestro ser. Concluir certeramente sobre la naturaleza humana, sería un gran error. Mejor sería conformarse con llegar a conocerse uno mismo...y quien lo haga, debe sentirse más que orgulloso para ser sincera.
Son tantas las preguntas que me vengo haciendo hace 24 años, y estimo no haber poder llegado a ninguna respuesta en firme. Y no me hace mal admitirlo, todo lo contrario. Es una satisfacción no creerme sabia en nada, y conocer un poquito de varias cosas.
“Sigues pareciendo la chica más triste de la ciudad…”
Muchas veces me han tildado con más de un adjetivo. Algunos verdaderos, otros por momentos. Pero me pregunto quien es totalmente algo? Quien es totalmente nada? La variedad, tan exquisita, tan hermosa. Como cada ser que camina dormido, cansado, contento, rutinario, busca un sueño, una meta, un algo que ayude a no caer en la locura de la soledad, en la dura realidad de la soledad del humano mismo. Como a veces digo, uno nace solo, y así muere. En este tránsito que dura para algunos más años que otros, en este camino que debemos atravesar, que es lo que se debe demostrar? Que no hay solución para lo inevitable? Que hagas lo que hagas el fin es el fin, y llega, así como llego el principio? Consideré mucho tiempo a la vida como una transición errónea, carente de sentido, no buscada, basada en consecuencias de causas hechas por uno mismo ( causamos hechos y hacemos causas ) Que sentido tiene, vivir años, buscando ese “no se que” y el día de nuestra muerte, preguntarnos: que hice para mí? Que me llevo en el corazón? Que me llevo en la conciencia? Y convengamos que muchos de nosotros solemos hacer un balance de un año ya pasado, y nos proponemos que al año siguiente todo será diferente. Y nos ponemos metas hasta casi imposibles, con tiempos casi indefinidos, y con una convicción sorprendente que será posible cumplirlos. Y que pasa? Ese año siguiente llega a su fin, y nos damos cuenta que nuestros planes no fueron satisfechos, y nos deprimimos, y nos echamos culpas, y nos sentimos incapaces, y nos replanteamos toda nuestra vida, y hacemos un balance y proyectamos el año proximo, y… etc…etc.
No es desgastante estar siempre pendientes de lo que todavía no llegó ni tiene que llegar aún? No es frustrante tener tantas culpas encima? No resulta asfixiante la autoexigencia? Teniendo en cuenta el exterior exige de nosotros muchas veces más de la cuenta? No será hora de relajarnos un poco más? De disfrutar de la vida? De valorar los pequeños y grandísimos detalles? No será hora de no depender más del tiempo, de un reloj, de una agujas vacías, sin lógica alguna? Donde el único sentido que tienen se lo impuso una persona, común, con algún grado de dependencia terrestre, que se le ocurrió amoldar al tiempo bajo la forma de un círculo de números que agujas que siguen el mismo recorrido siempre, sin explicación ni lógica alguna y nosotros, seres inferiores, no nos atrevemos a cuestionar ni mucho menos querer cambiar ese proceso.
11/12/2007
a veces siento que no pienso...a veces pienso que no siento...
a veces, solo a veces, me preocupo por cosas que valen la pena...
pocas veces, pocas, me preocupo por cosas importantes...
casi siempre, me veo en una nebulosa, de palabras, que no terminan nunca, que no llegan a ningún lado...
que traicionera me siento...que sensación tan extraña es extrañarte, y saber que no tiene solución...
que raro es todo, me perdí, el hilo que me guiaba se cortó...esa persecución incansable que siempre tuve en mi cuerpo, y en mi mente, de repente se fue...y no la veo, ni la extraño, y siento que vivo de nuevo, que todo es nuevo, que mi vida esta recomenzando, y que a la vez tengo 24 años de historia encima, y que no me olvido de esa historia, no me olvido que soy quien soy gracias a esa historia, a esos momentos que me tocaron vivir con tanta gente, y a donde están? no lo sé.
Son tantas las preguntas que me vengo haciendo hace 24 años, y estimo no haber poder llegado a ninguna respuesta en firme. Y no me hace mal admitirlo, todo lo contrario. Es una satisfacción no creerme sabia en nada, y conocer un poquito de varias cosas.
“Sigues pareciendo la chica más triste de la ciudad…”
Muchas veces me han tildado con más de un adjetivo. Algunos verdaderos, otros por momentos. Pero me pregunto quien es totalmente algo? Quien es totalmente nada? La variedad, tan exquisita, tan hermosa. Como cada ser que camina dormido, cansado, contento, rutinario, busca un sueño, una meta, un algo que ayude a no caer en la locura de la soledad, en la dura realidad de la soledad del humano mismo. Como a veces digo, uno nace solo, y así muere. En este tránsito que dura para algunos más años que otros, en este camino que debemos atravesar, que es lo que se debe demostrar? Que no hay solución para lo inevitable? Que hagas lo que hagas el fin es el fin, y llega, así como llego el principio? Consideré mucho tiempo a la vida como una transición errónea, carente de sentido, no buscada, basada en consecuencias de causas hechas por uno mismo ( causamos hechos y hacemos causas ) Que sentido tiene, vivir años, buscando ese “no se que” y el día de nuestra muerte, preguntarnos: que hice para mí? Que me llevo en el corazón? Que me llevo en la conciencia? Y convengamos que muchos de nosotros solemos hacer un balance de un año ya pasado, y nos proponemos que al año siguiente todo será diferente. Y nos ponemos metas hasta casi imposibles, con tiempos casi indefinidos, y con una convicción sorprendente que será posible cumplirlos. Y que pasa? Ese año siguiente llega a su fin, y nos damos cuenta que nuestros planes no fueron satisfechos, y nos deprimimos, y nos echamos culpas, y nos sentimos incapaces, y nos replanteamos toda nuestra vida, y hacemos un balance y proyectamos el año proximo, y… etc…etc.
No es desgastante estar siempre pendientes de lo que todavía no llegó ni tiene que llegar aún? No es frustrante tener tantas culpas encima? No resulta asfixiante la autoexigencia? Teniendo en cuenta el exterior exige de nosotros muchas veces más de la cuenta? No será hora de relajarnos un poco más? De disfrutar de la vida? De valorar los pequeños y grandísimos detalles? No será hora de no depender más del tiempo, de un reloj, de una agujas vacías, sin lógica alguna? Donde el único sentido que tienen se lo impuso una persona, común, con algún grado de dependencia terrestre, que se le ocurrió amoldar al tiempo bajo la forma de un círculo de números que agujas que siguen el mismo recorrido siempre, sin explicación ni lógica alguna y nosotros, seres inferiores, no nos atrevemos a cuestionar ni mucho menos querer cambiar ese proceso.
11/12/2007
a veces siento que no pienso...a veces pienso que no siento...
a veces, solo a veces, me preocupo por cosas que valen la pena...
pocas veces, pocas, me preocupo por cosas importantes...
casi siempre, me veo en una nebulosa, de palabras, que no terminan nunca, que no llegan a ningún lado...
que traicionera me siento...que sensación tan extraña es extrañarte, y saber que no tiene solución...
que raro es todo, me perdí, el hilo que me guiaba se cortó...esa persecución incansable que siempre tuve en mi cuerpo, y en mi mente, de repente se fue...y no la veo, ni la extraño, y siento que vivo de nuevo, que todo es nuevo, que mi vida esta recomenzando, y que a la vez tengo 24 años de historia encima, y que no me olvido de esa historia, no me olvido que soy quien soy gracias a esa historia, a esos momentos que me tocaron vivir con tanta gente, y a donde están? no lo sé.
y el tema, un clasico excelente!!!
Scorpions Still Loving You
Time, it needs time To win back your love again I will be there, I will be there Love, only love Can bring back your love someday I will be there, I will be there I'll fight, babe, I'll fight To win back your love again I will be there, I will be there Love, only love Can break down the wall someday I will be there, I will be there If we'd go again All the way from the start I would try to change The things that killed our love Your pride has built a wall, so strong That I can't get through Is there really no chance To start once again I'm loving you Try, baby try To trust in my love again I will be there, I will be there Love, our love Just shouldn't be thrown away I will be there, I will be there If we'd go again All the way from the start I would try to change The things that killed our love Your pride has built a wall, so strong That I can't get through Is there really no chance To start once again If we'd go again All the way from the start I would try to change The things that killed our love Yes, I've hurt your pride, and I know What you've been through You should give me a chance This can't be the end I'm still loving you I'm still loving you, I need your love I'm still loving you.
miércoles, 26 de diciembre de 2007
Fin de año

En un año pasan tantas cosa que es increíble que solo sean 356 días, un numero o cifra relativamente pequeña (hablando subjetivamente)…en fin, este año ha sido de locos y sobre todo muy triste, pero sí con grandes enseñanzas las que de alguna u otra manera hay que rescatar. Por otro lado también se cumplieron metas y desafíos que me permiten mirar al futuro con mayor proyección.
Mil saludos y que tengan un excelente comienzo de año a los que pasan por este sitio…si es que algo así ocurre, aunque preferiría que sólo fuera para mí.
y el tema es muy weno de sanz....
Aprendiz
Tus besos saben tan amargos
cuando te ensucias tus labios
con mentiras otra vez
Dices que te estoy haciendo daño
que con el paso de los años
me estoy haciendo mas cruel
y es que yo nunca creí que te vería
remendando mis heridas
con jirones de tu piel
De tí aprendió mi corazon
De tí aprendió mi corazon
y ahora no me reproches
que no sepa darte amor
Me has enseñado tú
tu has sido mi maestra para hacer sufrir
si alguna vez fui malo lo aprendí de tí
no digas que no entiendes
como puedo ser asi
si te estoy haciendo daño
lo aprendí de ti
me has enseñado tú
maldigo mi inocencia y te maldigo a tí
maldita la maestra
y maldito el aprendiz
maldigo lo que amo
y te lo debo te lo debo a tí
Y ahora me duelen tus caricias
porque noto que tus manos
son cristales rotos
bajo mis pies
Dices que te estoy haciendo daño
que con el paso de los años
me estoy haciendo mas cruel
pero es que nunca creí que te vería
remendando mis heridas
con jirones de tu piel
De ti aprendió mi corazón
de ti aprendió mi corazón
y ahora no me reproches
que no sepa darte amor
Me has enseñado tú
tu has sido mi maestra para hacer sufrir
si alguna vez fui malo lo aprendí de tí
no digas que no entiendes
como puedo ser asi
si te estoy haciendo daño niña
lo aprendí de ti
me has enseñado tú
maldigo mi inocencia y te maldigo a tí
maldita la maestra
y maldito el aprendiz
maldigo lo que amo
y te lo debo te lo debo a tí
http://www.youtube.com/watch?v=Y6Bz8iD0tT8
martes, 4 de diciembre de 2007
Execelente!!!
Bueno, ando a la pasadita así es que sólo voy dejar esta frase... "al fin se acabo este proceso", ahora al siguiente desafio.
toy felíz y sobre todo muy tranki...
toy felíz y sobre todo muy tranki...
jueves, 1 de noviembre de 2007
LA SOMBRA DEL LAGO

bueno ya paso hallowen, pero aquí dejo una historia aprovechando la fecha.
Y está escrito que quien vea al dios no morirá,
dormirá junto al lecho del inmortal velando su sueño
y llorará y despertará cuando Él despierte,
cuando vuelva para arrastrarse sobre la superficie de la tierra
La historia que cuento en este viejo cuaderno (que ya estaba en un penoso estado cuando lo encontré a mi lado nada más despertar) puede no ser creída jamás por nadie, o puede que quien la encuentre la deje, horrorizado, en el mismo sitio donde la encontró. Tal vez este amasijo de hojas amarillentas no será encontrado jamás por nadie (si es que queda alguien para poder hacerlo). Pero yo tengo que escribir estas palabras... lo he de hacer porque es el único medio que se me ocurre para purgar las culpas de mi atormentada consciencia: No pude parar aquello que pasaba en este pueblo y solamente puedo intentar avisar a los demás de la maldad que aquí impera.
Puedo jurar que he sido testigo de extrañísimos ritos, algunos de los cuales son anteriores a la venida de los propios romanos, pero jamás he visto ninguno que lo fuese tanto como el que presencié en el pueblo de Satoigne, ni ninguno tan terrorífico como el que (por desgracia) conocí aquí.
***
El tren traqueteaba por entre el montañoso bosque plagado de resistentes coníferas de un verdor vital (pese a que estábamos en Otoño) y también de otro tipo de árboles que mostraban su debilidad con el enfermizo color de las efímeras hojas que aún no se había llevado el viento. La ventana del compartimento era el único medio que me permitía huir de la incómoda situación que se daba en mi vagón.
Todo parecía marchar bien con mis compañeros de viaje al comienzo del trayecto, pero cuando pasamos de largo la última estación, los pasajeros que ocupaban los demás asientos del compartimento empezaron a mirarme con una escrutadora curiosidad que me incomodaba bastante.
Ahora sé porqué...
Aquellos viajeros: dos hombres y una mujer vestidos al estilo de los labradores de final de siglo, iban al mismo sitio que yo. Lo supe entonces porque en el programa de la estación no había ninguna parada más después de la mía (donde el tren cambiaba de dirección de vuelta a la ciudad). Entonces me fijé en ellos, piel curtida por los elementos (cosa que evidenciaba su trabajo en el campo) pero cuyo tono de palidez, aderezado con la cualidad casi transparente de la piel de su cuello (el cual parecía querer mostrar al mundo el color de sus venas) te hacía inclinarte hacia pensamientos de sospecha e intranquilidad. Además, era increíble la oscuridad casi anormal de sus ojos y el parecido de sus rasgos.
Al mirar sus rostros, que incluso podrían haber pasado por afables si no fuese por aquellos crueles ojos que rompían cualquier posibilidad de encanto, con su expresión casi acusadora, recordé la mirada de reproche de mi padre cuando de pequeño hacía alguna jugarreta. Pero no... la mirada de mis fortuitos compañeros de viaje era mucho más seria... como si la jugarreta hubiera dejado de serlo y se hubiese convertido en un crimen.
Aquella forma de mirar me obligó a volver de nuevo al refugio que suponía la contemplación de las "siempre" vivas hojas del abeto y de esos otros pelados árboles que surgían de la tierra como si se tratara de los postes telefónicos de mi ciudad.
El resto del viaje lo pasé mirando estas cosas propias del paisaje de montaña al que yo estaba tan desacostumbrado, y no moví la cara de la ventana hasta que llegamos a la estación ferroviaria de Satoigne: A veces, pensaba yo entonces, es mejor no hacer caso de ciertas actitudes... pero de ningún modo podía yo dejar de ponerme nervioso, porque notaba los ojos de los tres, clavados en mi nuca todo el tiempo.
Cuando se detuvo el tren fui más que rápido en bajar. Salí del compartimento sin girar la cabeza para despedirme de aquellos extraños: no quería tener que volver a ver aquellos ojos. Y no lo haría (o al menos eso esperaba yo).
Cuando dejé atrás las escaleras de hierro que bajaban desde el piso de madera del tren estaba bastante alterado. Pero mientras iba hacia el departamento postal (donde había quedado con mi primo Gerard) la preocupación fue diminuyendo hasta que llegué a pensar que lo que yo advertía como un comportamiento extraño y casi hostil no había sido más que una repentina paranoia mía.
Cuando llegué a la puerta del "Departamento de Correos" ya casi me había olvidado de todo aquello.
Dejé mi equipaje en el suelo y traté de encontrar a mi primo entre la gente. Me sorprendí al ver tanta gente en la pequeña estación de aquél pequeño pueblo que siempre había sido Satoigne. Pero el hecho de que el margen de la vía estuviese lleno de personas cargando largas piraguas en el vagón de equipajes me tranquilizó: Las carreras en el "Lago de Satoigne" eran de sobra conocidas en toda la región.
Mientras yo esperaba, el tren se puso en marcha, lleno de gente que haría el viaje de vuelta, pasando por las estaciones que yo había dejado atrás. Ojalá hubiera estado yo subido entonces en aquél tren...
Entonces le vi, corriendo entre el resto de la gente que había quedado en la estación y que ahora miraban el tren repleto de la gente a la que habían ido a despedir.
- ¡Eduardo! - me llamó Gerard al tiempo que esquivaba a un funcionario de correos cargado de paquetes.
Sonreí y levanté los brazos para que se diera cuenta de que ya lo había visto.
Entonces me acordé (como hago ahora) de nuestra infancia y de cómo nos habíamos ido separando todos a lo largo de los años, para vernos sólo de vez en cuando en algún acto señalado (como en el funeral de la abuela).
Tras el reencuentro, cogiendo una maleta cada uno tomamos el camino hacia "Nuevo Satoigne", que era la zona donde vivían mi tía y sus hijos. Una bonita zona de caserones ideales para pasar el verano y los comienzos del otoño, que había sido edificada tan sólo unos veinte o treinta años atrás.
Me di cuenta mientras comenzábamos a andar que el municipio estaba dividido en dos: las tierras más planas y cercanas al lago (es decir la parte del valle), que formaban el "Viejo Satoigne", con casas viejas y calles estrechas (como las de los barrios judíos del medioevo); y por otro lado las tierras más elevadas, donde no había ninguna huerta demasiado grande ni nada de eso, conformaban estas tierras una zona plagada de árboles y de enormes casas que casi podríamos llamar mansiones. Desde la estación de trenes se veía la parte baja del pueblo y, mirando aquellas huertas y aquellas viejas casas grises me acordé de pronto de los tres labradores que me habían acompañado durante parte del trayecto.
Entonces, un presentimiento se introdujo en mi cabeza. Me volví a mirar hacia las vías del tren... allí estaban los tres, de pie, con sus vestimentas inmóviles (pese a que el viento soplaba con cierta fuerza y el frescor típico de la montaña por esas fechas).
Allí permanecían mirando como andaba al lado de mi primo... y su mirada me recordó de momento ciertas pesadillas de mi infancia, porque aquellos ojos que antes eran fríos e inquietantes ahora estaban teñidos con un tono de maligna crueldad.
El sudor frío característico del miedo incontrolable me acompañó todo el camino hasta la casa de Gerard.
***
La cena de aquella noche en casa de mi tía me tranquilizó bastante, pero no pude quitarme de la cabeza el recuerdo de aquella mirada. No es que sea supersticioso (al menos no lo era... antes) pero los hechos sucesivos que constituyeron aquél día de viaje me afectaron de manera que no podía dejar de tener, si no miedo, si una cierta sensación de inquietud.
Pese a la alegría de mi familia, era consciente de que algún tipo de sombra se cernía sobre aquél pueblo, y tal vez sobre mí también. Pero la última cosa que yo quería hacer era preocupar a mi tía con problemas que parecían ser malas pasadas de la mente, y sobretodo cuando el motivo de mi visita era la todavía reciente muerte de mi tío Gerard.
Así que me fui a dormir temprano, acompañado por mi primo...
- Procura pasar buena noche ¿De acuerdo'?
- Descuida. Buenas noches.
El sonido de la puerta de madera... Me pareció como si viniera de afuera de la habitación... de la parte exterior de la ventana que por el día dejaba entrar la luz a la estancia pero que por la noche se convertía en un cuadro de la más detallada negrura que existe en el mundo. Las paredes de la habitación de invitados estaban muy bien empapeladas, con un decorativo motivo a rallas blancas y granates que seguramente hacía mucho tiempo le daba al lugar un cierto tono de distinción, pero que ahora ofrecía una sensación de vejez y solemnidad remarcada por las grietas añadidas por la humedad y el tiempo.
Me puse a pensar en lo viejo que debía ser el pueblo... al fin y al cabo la casa de mi primo (que fue una de las primeras en construirse) no debería tener más de treinta o cuarenta años... Entonces, ¿Cuántas grietas deberían haber en las paredes de yeso y fango del Viejo Satoigne?
Con aquél desalentador pensamiento me decidí a meterme en la cama, cuando de repente creí sentir un fuerte (si bien corto) resplandor que venía de afuera. En lugar de ir apresuradamente hacia la ventana, decidí apagar la luz (una pequeña lámpara de aceite que me dejó Gerard) y sentarme frente al cristal, que, pese a ser transparente parecía negro como el tizón.
La segunda vez que la luz atravesó el cristal, rompiendo la oscura paz del interior de la habitación, no me lo pensé dos veces. Abrí la ventana con más bien poca delicadeza y saqué medio cuerpo al frío de la noche: con la pierna derecha tratando de aferrarme al piso de la estancia y con el pie izquierdo tanteando la pared en busca de cualquier grieta que me permitiera afianzarme para comenzar a bajar por la cañería. Aunque ésta estaba algo vieja y pese a lo fría que estaba (tanto que las manos comenzaron a dolerme) conseguí aferrarme a ella con seguridad y bajar hasta el suelo.
***
Sombras... todo lo que alcanzaba a ver eran sombras: sombras de árboles, la inminente sombra de la casa, sombras de piedras en el camino... Pero destacando por su antinatural oscuridad entre aquellos débiles reflejos de luz, había una figura en pie, en medio de ningún camino de ningún sitio, pero que saturaba mi atención.
Sin saber muy bien porqué me dirigí hacia donde (no) estaba aquella figura, y ésta empezó a moverse hacia un sitio que yo no podía intuir pero, y sin saber cómo me dediqué a seguirla. Más tarde me di cuenta de que la sombra no era más que un efecto de mi imaginación (una falsa proyección emitida en mi cerebro y que me había engañado a mí mismo) y recordé las leyendas sobre los fuegos fatuos del pantano: Los guías de la muerte. Pero una sensación de seguridad muy fuerte sustituyó a la sombra en el papel de guía, y entonces me di cuenta de que había algo (o alguien) que quería que yo llegase hasta un sitio hasta el que yo ansiaba (sin saberlo) llegar.
Como una mancha gris en medio de un cuadro negro pasé por entre las vías del tren. Mis pies hacían crujir las piedras entre los raíles, y mis nervios aumentaban según me iba acercando a mi destino.
Allí, a la pálida luz de la luna llena, que se asomaba tímidamente entre las nubes que cubrían el cielo, estaba el pueblo de Satoigne... la villa que siempre había sido Satoigne, no aquél conjunto de casas casi nuevas edificadas en la falda de la montaña.
Al fijarme, vi luz en el interior de una de aquellas casuchas rodeadas de pútridos huertos de salud un tanto dudosa. Al acercarme me arrastré sobre la húmeda tierra de una de aquellas zonas de cultivo (que, curiosamente, no parecía haber sido trabajada desde hacía años) y conseguí llegar junto a la ventana de donde venía la temblorosa luz, arropado por las inescrutables sombras del huerto.
Se escuchó el quejoso gemido de una puerta vieja abriéndose en la casa. Una débil luz amarillenta y más bien tenue invadió parte del patio trasero (donde yo me encontraba entre las plantas) llegando a lamer la leprosa superficie de las hojas más cercanas a la casa. Lo que me obligó retroceder hasta donde las sombras me permitían pasar inadvertido. Entonces, un grupo de gente, vestidos de labradores, pasaron frente a mi escondite arrastrando los pies.
Cuando el primero de ellos se acercó lo suficiente lo escuché: un murmullo callado en sus labios, una canción entonada en voz baja que no había sido inventada ni entonada jamás por ningún ser humano corriente, una canción antigua como las estrellas que te hacía rememorar la oscuridad y la más muerta quietud que se puedan imaginar. Los demás también entonaban aquél son, con los ojos muertos y perdidos; con los rostros impasibles, como si no existiera nada de interés en lo que los rodeaba. Entonces pensé que tal vez no hacía falta esconderse, que tal vez ni siquiera mirarían... pero el miedo que me estrujaba el corazón no me dejó ni la opción de plantearme comprobarlo.
Aquella tétrica procesión caminó entre árboles grises que a la luz de la luna parecían muertos, entre grises piedras, entre arbustos grises... Siempre entonando su canción (que sin embargo nunca era la misma). A medida que nos acercábamos a nuestro objetivo ésta era cantada con mayor fuerza y convicción por los componentes de la marcha. Llegó un momento en que mis piernas temblorosas casi no podían caminar, ojalá me hubiese detenido y hubiera perdido de vista a aquél estrafalario grupo.
Pero seguí, continué persiguiendo la pequeña luz por la que se orientaban (aunque ahora dudo de si realmente necesitaban orientarse) hasta percatarme del sitio adonde se dirigían los pasos del guía del grupo. Me hice consciente de pronto del impresionante olor a humedad y de la leprosa putrefacción que invadía el bosque cuando pasábamos, una putrefacción reflejo de la esencia oscura y enfermiza de los "hombres" que iban delante de mí.
Súbitamente, como por la existencia de una acantilado inexistente, el imaginario camino que seguían los miembros de la procesión se cortó. Y todos los enlutados habitantes de Satoigne se detuvieron en el linde mismo del bosque, justo en el lugar donde el suelo era ya de arena blanca... en la orilla del profundo y oscuro lago de Satoigne.
Me di cuenta en ese preciso momento de que los hombres y mujeres que había seguido estaban casi totalmente rígidos, cosa que no me sorprendió demasiado porque me había fijado en su forma de caminar, con pasos arrastrados y evidenciando una descoordinación que, fuera del tétrico contexto de su alrededor, habría parecido incluso cómica. Pero su estática posición me ponía nervioso, y entonces pensé cuan estúpido había sido saliendo de la casa sin avisar a nadie (y más siendo mi objetivo seguir a estos pueblerinos en su paseo por el bosque).
Las figuras que más cerca estaban de la orilla, lamida por olas que antes no había advertido, sacaron algo de entre sus ropas para después lanzarlo lo más cerca posible del centro del muerto estanque.
Aquél lago no había tenido nunca pesca (que yo supiera), pero en aquellos momentos el agua hervía como si hubieran miles de salmones alborotando su superficie. Las repentinas olas que se alzaban a más de medio metro de altura desde el centro del lago me hicieron sentir un miedo y una sensación de monumental antigüedad... el lago negro en el lecho del valle y la luna blanca en lo alto, redonda, hoy como hace miles de años al comienzo de la tierra...
Cuando la última mujer se disponía a lanzar el correspondiente (sacrificio) objeto al lecho del lago creí ver algo a la luz pálida del satélite lunar: una advertencia que la reina de la noche me dedicaba para que no me acercase más a aquella gente ni a su pueblo... En el momento en que la mujer alzó su mano aferrando aquello, un reguero de sangre ennegrecida bajó por su pálido antebrazo descubierto, perdiéndose bajo la manga derecha de su vestido.
Sacrificio...
Entonces me di cuenta del cruel hecho que antes no había querido ver, ahora tomaba consciencia de que aquellas personas no iban al bosque para recoger setas... y yo estaba en medio de aquel rito, tal vez satánico, que osaban realizar en el pueblo desde Dios sabía cuando.
Pasada la locura inicial (fruto de no sé qué posible influencia mental) decidí volver a casa de Gerard...
Un sentimiento de miedo añadido al nerviosismo que me causó percatarme de mi situación me dominó.
Ya decidido a marchar hacia la parte alta de Satoigne, miré durante un ínfimo instante al lago. Ya se había calmado y estaba libre de todo tipo de olas o irregularidades en su superficie, que ahora permanecía estática y completamente lisa. La sensación que invadió mi mente destruyó de pronto toda la coherencia empírica que antes de aquella noche me caracterizaba: la certeza de mi infinitamente minúscula importancia frente al enorme océano que representaba el mar interminable del tiempo. La sensación de ser observado por la antigua luna, que ya estaba allí arriba mucho antes de que el hombre caminase completamente erguido, incluso antes que los dinosaurios caminasen por donde ahora se alzan ciudades como París o Barcelona.
Pero en aquel momento, mientras yo miraba aquel ancestral lago, sentí un ruido similar al que haría alguien arrastrando los pies detrás de mí...
Después de perder completamente la consciencia caí en un sueño intranquilo, con una sensación de vértigo que aún hoy, mientras escribo en este amarillento papel, persiste en mi cabeza. Era como si me viese cayendo en el remolino incesante del tiempo, recorriendo con mi inconsciencia el pasado: tratando de llegar a un momento y a unos recuerdos tan impactantes que luchaban en el Todo por ser comunicados.
***
Temblaba. Aquella noche hacía frío. Sabía que era de noche porque la luz del sol no se reflejaba en las piedras del fondo del río. Pero yo ya no miraba nunca al lecho de arena y piedras redondas, yo, y los compañeros que nadaban conmigo, tan sólo teníamos ojos para mirar hacia delante, hacia aquel destino tan incierto (pero que tan fuertemente nos atraía). Un destino para llegar al cual remontábamos el río saltando, y luchando contra la fuerte corriente... corriente que procedía del lugar que nosotros ansiábamos alcanzar.
Algunos de los que nadaban a mi lado al comienzo del viaje ya habían muerto de cansancio, pero eran muy pocos y ya los habíamos dejado atrás, ya no eran más que un nebuloso recuerdo ya no importaban...
No recuerdo demasiado bien esta parte del sueño, pero me sorprendió mucho el hecho de que no podía comprender la realidad como un ser humano, sino que simplemente tenía en la cabeza un almacén de imágenes, de recuerdos aislados y distanciados por una oscura bruma... Sólo importaba nadar, nadar hacia delante, hacia arriba y siempre contra corriente.
La corriente, que cada vez era más débil, me resultaba bastante agradable... Nadar contra corriente era el ejercicio que ansiaba realizar, parecía como si hubiese nacido y crecido para hacerlo bien en aquel momento de mi vida... Lo que no me planteaba mientras recorría el río dulce y vivo que constituía mi camino era la posibilidad de no tener adonde ir después de haber alcanzado mi meta.
El agua del río era clara, totalmente clara y cada vez más fría... pero al pasar determinada ensenada sentí una afluencia diferente, más cálida pero con un sabor de estancamiento que me desagradó al momento... si bien a pesar de que el agua que provenía de aquél sitio donde el suelo sería tan insalubre me repelía bastante, traté de encontrar el origen de la corriente: el pútrido afluente que traía esa agua a mi río.
Entonces, tras un dique de cañas y madera (que dejé atrás con un potente salto, arriesgándome incluso a caer fuera del margen fluvial) encontré el lago, en el que me hundí como una piedra tras mi corto vuelo.
El agua allí estaba teñida de un ligero tono mostaza, y numerosas partículas de algas muertas invadían el volumen líquido (mortífero para mis branquias). Comencé a sentirme muy mal, las aletas no hacían caso de lo que mandaba mi cerebro y noté cómo mi piel perdía consistencia e iba despegándose del resto de mi cuerpo... de los tendones y de los músculos, dejándome progresivamente "desnudo" entre las aguas pútridas que me rodeaban.
Dejé de nadar, solamente podía dejarme llevar por las caprichosas corrientes, tan leves como caricias empalagosas... como las caricias de la muerte.
Durante mi vagar entre restos de algas, y sobre las muertas plantas amarillentas que tenían aquél tono enfermizo tan característico del clímax del lago, seguí notando la precipitada degradación de mi ser. La verdad es que no dolía, como si hubiese nacido para tener un final similar a aquél, pero estaba perdiendo la vida demasiado rápido, y algo en mi instinto interior me decía que eso no era normal... Mis ojos se abrían cada vez más a pesar de no ver casi nada, me quedaba ciego, pero mi soñada enfermedad no me iba a librar de ver, entre las deformaciones de una ¿niebla? antinatural, la horripilante figura de aquel ser.
Aquello estaba rodeado por una especie de tinte de color mostaza apagado, como si de ese cuerpo muerto que alguna vez "caminó" sobre la tierra se desprendiese toda la peste y putrefacción que correspondía a ese ser: ese ser que, pese a estar muerto, no lo estaba y que aunque estuviese ahogado siempre respiraría.
La indescriptible figura de aquél ente era completamente horrible. Recorriendo la "bruma" amarillenta (sin quererlo, pero sin poder evitarlo) descubrí detalles del monstruo - dios del lago que jamás cualquier humano podría representar en palabras... porque no hay palabras para narrar lo indefinible, no para aquello que no debiera existir en ningún lugar de nuestro cosmos.
Vi los tentáculos (si se puede llamar así a los apéndices orgánicos que surgían de su cuerpo) que surgían de entre las muertas algas (las cuales o bien estaban muertas o bien formaban parte de la dimensión material de ese monstruo), la escamosa piel del dios del lago, corruptos tubos cuales venas grises que eran balanceadas por las decrépitas aguas del ancestral estanque.
Y admiré, con notable repugnancia, miedo y humildad, a la figura muerta del lecho del lago... cuando, de pronto, en el lugar más insospechado, se abrió un negro ojo sin color ni luz...
***
Me desperté aquí, en la habitación donde ahora estoy recostado contra la pared, una pared vieja, gris y repleta de manchas verdes de humedad. Aquí tomé consciencia de que no estaba muerto y de que todo aquello había pasado (incluido el sueño, que no era tal, sino que eran recuerdos de alguien o algo pero que ahora formaban parte de mí de igual modo que mi infancia y todos mis restantes recuerdos).
Ahora miro por la ventana de esta habitación y reconozco (aunque con cierta dificultad) el lugar donde me encuentro: el mismo sitio que siempre fue y siempre será Satoigne (pese a que no se vea ya la vieja villa). Ahora no queda ningún huerto, ni gente, y del pueblo nuevo solo se advierten restos de edificios, mientras que el valle ha desaparecido por completo.
Incluso han desaparecido las montañas. Y todo lo que ahora puedo ver desde la ventana es una serie de colinas arenosas donde antes habían rocas y afilados picos.... Un desierto (seguramente milenario) coronado por un sol frío, violáceo, que no tardará demasiado en extinguirse. Pero en medio de la escena que contemplo desde este vano sin cristal que antes formaba parte de una vivienda humana está el lago de Satoigne, en el fondo del cual aún hoy vive en muerte la entidad que duerme soñando el día en que volverá a caminar de nuevo...
Ahora tengo frío y supongo que lo que ahora veo son alucinaciones, productos de mi locura... Pero aunque sé que digo la verdad al decir que nadie vive ya en estos parajes (ni en ningún lugar de la tierra) aún espero que alguien encuentre lo escrito en este viejo, podrido y húmedo cuaderno.
por vincente marti.
dormirá junto al lecho del inmortal velando su sueño
y llorará y despertará cuando Él despierte,
cuando vuelva para arrastrarse sobre la superficie de la tierra
La historia que cuento en este viejo cuaderno (que ya estaba en un penoso estado cuando lo encontré a mi lado nada más despertar) puede no ser creída jamás por nadie, o puede que quien la encuentre la deje, horrorizado, en el mismo sitio donde la encontró. Tal vez este amasijo de hojas amarillentas no será encontrado jamás por nadie (si es que queda alguien para poder hacerlo). Pero yo tengo que escribir estas palabras... lo he de hacer porque es el único medio que se me ocurre para purgar las culpas de mi atormentada consciencia: No pude parar aquello que pasaba en este pueblo y solamente puedo intentar avisar a los demás de la maldad que aquí impera.
Puedo jurar que he sido testigo de extrañísimos ritos, algunos de los cuales son anteriores a la venida de los propios romanos, pero jamás he visto ninguno que lo fuese tanto como el que presencié en el pueblo de Satoigne, ni ninguno tan terrorífico como el que (por desgracia) conocí aquí.
***
El tren traqueteaba por entre el montañoso bosque plagado de resistentes coníferas de un verdor vital (pese a que estábamos en Otoño) y también de otro tipo de árboles que mostraban su debilidad con el enfermizo color de las efímeras hojas que aún no se había llevado el viento. La ventana del compartimento era el único medio que me permitía huir de la incómoda situación que se daba en mi vagón.
Todo parecía marchar bien con mis compañeros de viaje al comienzo del trayecto, pero cuando pasamos de largo la última estación, los pasajeros que ocupaban los demás asientos del compartimento empezaron a mirarme con una escrutadora curiosidad que me incomodaba bastante.
Ahora sé porqué...
Aquellos viajeros: dos hombres y una mujer vestidos al estilo de los labradores de final de siglo, iban al mismo sitio que yo. Lo supe entonces porque en el programa de la estación no había ninguna parada más después de la mía (donde el tren cambiaba de dirección de vuelta a la ciudad). Entonces me fijé en ellos, piel curtida por los elementos (cosa que evidenciaba su trabajo en el campo) pero cuyo tono de palidez, aderezado con la cualidad casi transparente de la piel de su cuello (el cual parecía querer mostrar al mundo el color de sus venas) te hacía inclinarte hacia pensamientos de sospecha e intranquilidad. Además, era increíble la oscuridad casi anormal de sus ojos y el parecido de sus rasgos.
Al mirar sus rostros, que incluso podrían haber pasado por afables si no fuese por aquellos crueles ojos que rompían cualquier posibilidad de encanto, con su expresión casi acusadora, recordé la mirada de reproche de mi padre cuando de pequeño hacía alguna jugarreta. Pero no... la mirada de mis fortuitos compañeros de viaje era mucho más seria... como si la jugarreta hubiera dejado de serlo y se hubiese convertido en un crimen.
Aquella forma de mirar me obligó a volver de nuevo al refugio que suponía la contemplación de las "siempre" vivas hojas del abeto y de esos otros pelados árboles que surgían de la tierra como si se tratara de los postes telefónicos de mi ciudad.
El resto del viaje lo pasé mirando estas cosas propias del paisaje de montaña al que yo estaba tan desacostumbrado, y no moví la cara de la ventana hasta que llegamos a la estación ferroviaria de Satoigne: A veces, pensaba yo entonces, es mejor no hacer caso de ciertas actitudes... pero de ningún modo podía yo dejar de ponerme nervioso, porque notaba los ojos de los tres, clavados en mi nuca todo el tiempo.
Cuando se detuvo el tren fui más que rápido en bajar. Salí del compartimento sin girar la cabeza para despedirme de aquellos extraños: no quería tener que volver a ver aquellos ojos. Y no lo haría (o al menos eso esperaba yo).
Cuando dejé atrás las escaleras de hierro que bajaban desde el piso de madera del tren estaba bastante alterado. Pero mientras iba hacia el departamento postal (donde había quedado con mi primo Gerard) la preocupación fue diminuyendo hasta que llegué a pensar que lo que yo advertía como un comportamiento extraño y casi hostil no había sido más que una repentina paranoia mía.
Cuando llegué a la puerta del "Departamento de Correos" ya casi me había olvidado de todo aquello.
Dejé mi equipaje en el suelo y traté de encontrar a mi primo entre la gente. Me sorprendí al ver tanta gente en la pequeña estación de aquél pequeño pueblo que siempre había sido Satoigne. Pero el hecho de que el margen de la vía estuviese lleno de personas cargando largas piraguas en el vagón de equipajes me tranquilizó: Las carreras en el "Lago de Satoigne" eran de sobra conocidas en toda la región.
Mientras yo esperaba, el tren se puso en marcha, lleno de gente que haría el viaje de vuelta, pasando por las estaciones que yo había dejado atrás. Ojalá hubiera estado yo subido entonces en aquél tren...
Entonces le vi, corriendo entre el resto de la gente que había quedado en la estación y que ahora miraban el tren repleto de la gente a la que habían ido a despedir.
- ¡Eduardo! - me llamó Gerard al tiempo que esquivaba a un funcionario de correos cargado de paquetes.
Sonreí y levanté los brazos para que se diera cuenta de que ya lo había visto.
Entonces me acordé (como hago ahora) de nuestra infancia y de cómo nos habíamos ido separando todos a lo largo de los años, para vernos sólo de vez en cuando en algún acto señalado (como en el funeral de la abuela).
Tras el reencuentro, cogiendo una maleta cada uno tomamos el camino hacia "Nuevo Satoigne", que era la zona donde vivían mi tía y sus hijos. Una bonita zona de caserones ideales para pasar el verano y los comienzos del otoño, que había sido edificada tan sólo unos veinte o treinta años atrás.
Me di cuenta mientras comenzábamos a andar que el municipio estaba dividido en dos: las tierras más planas y cercanas al lago (es decir la parte del valle), que formaban el "Viejo Satoigne", con casas viejas y calles estrechas (como las de los barrios judíos del medioevo); y por otro lado las tierras más elevadas, donde no había ninguna huerta demasiado grande ni nada de eso, conformaban estas tierras una zona plagada de árboles y de enormes casas que casi podríamos llamar mansiones. Desde la estación de trenes se veía la parte baja del pueblo y, mirando aquellas huertas y aquellas viejas casas grises me acordé de pronto de los tres labradores que me habían acompañado durante parte del trayecto.
Entonces, un presentimiento se introdujo en mi cabeza. Me volví a mirar hacia las vías del tren... allí estaban los tres, de pie, con sus vestimentas inmóviles (pese a que el viento soplaba con cierta fuerza y el frescor típico de la montaña por esas fechas).
Allí permanecían mirando como andaba al lado de mi primo... y su mirada me recordó de momento ciertas pesadillas de mi infancia, porque aquellos ojos que antes eran fríos e inquietantes ahora estaban teñidos con un tono de maligna crueldad.
El sudor frío característico del miedo incontrolable me acompañó todo el camino hasta la casa de Gerard.
***
La cena de aquella noche en casa de mi tía me tranquilizó bastante, pero no pude quitarme de la cabeza el recuerdo de aquella mirada. No es que sea supersticioso (al menos no lo era... antes) pero los hechos sucesivos que constituyeron aquél día de viaje me afectaron de manera que no podía dejar de tener, si no miedo, si una cierta sensación de inquietud.
Pese a la alegría de mi familia, era consciente de que algún tipo de sombra se cernía sobre aquél pueblo, y tal vez sobre mí también. Pero la última cosa que yo quería hacer era preocupar a mi tía con problemas que parecían ser malas pasadas de la mente, y sobretodo cuando el motivo de mi visita era la todavía reciente muerte de mi tío Gerard.
Así que me fui a dormir temprano, acompañado por mi primo...
- Procura pasar buena noche ¿De acuerdo'?
- Descuida. Buenas noches.
El sonido de la puerta de madera... Me pareció como si viniera de afuera de la habitación... de la parte exterior de la ventana que por el día dejaba entrar la luz a la estancia pero que por la noche se convertía en un cuadro de la más detallada negrura que existe en el mundo. Las paredes de la habitación de invitados estaban muy bien empapeladas, con un decorativo motivo a rallas blancas y granates que seguramente hacía mucho tiempo le daba al lugar un cierto tono de distinción, pero que ahora ofrecía una sensación de vejez y solemnidad remarcada por las grietas añadidas por la humedad y el tiempo.
Me puse a pensar en lo viejo que debía ser el pueblo... al fin y al cabo la casa de mi primo (que fue una de las primeras en construirse) no debería tener más de treinta o cuarenta años... Entonces, ¿Cuántas grietas deberían haber en las paredes de yeso y fango del Viejo Satoigne?
Con aquél desalentador pensamiento me decidí a meterme en la cama, cuando de repente creí sentir un fuerte (si bien corto) resplandor que venía de afuera. En lugar de ir apresuradamente hacia la ventana, decidí apagar la luz (una pequeña lámpara de aceite que me dejó Gerard) y sentarme frente al cristal, que, pese a ser transparente parecía negro como el tizón.
La segunda vez que la luz atravesó el cristal, rompiendo la oscura paz del interior de la habitación, no me lo pensé dos veces. Abrí la ventana con más bien poca delicadeza y saqué medio cuerpo al frío de la noche: con la pierna derecha tratando de aferrarme al piso de la estancia y con el pie izquierdo tanteando la pared en busca de cualquier grieta que me permitiera afianzarme para comenzar a bajar por la cañería. Aunque ésta estaba algo vieja y pese a lo fría que estaba (tanto que las manos comenzaron a dolerme) conseguí aferrarme a ella con seguridad y bajar hasta el suelo.
***
Sombras... todo lo que alcanzaba a ver eran sombras: sombras de árboles, la inminente sombra de la casa, sombras de piedras en el camino... Pero destacando por su antinatural oscuridad entre aquellos débiles reflejos de luz, había una figura en pie, en medio de ningún camino de ningún sitio, pero que saturaba mi atención.
Sin saber muy bien porqué me dirigí hacia donde (no) estaba aquella figura, y ésta empezó a moverse hacia un sitio que yo no podía intuir pero, y sin saber cómo me dediqué a seguirla. Más tarde me di cuenta de que la sombra no era más que un efecto de mi imaginación (una falsa proyección emitida en mi cerebro y que me había engañado a mí mismo) y recordé las leyendas sobre los fuegos fatuos del pantano: Los guías de la muerte. Pero una sensación de seguridad muy fuerte sustituyó a la sombra en el papel de guía, y entonces me di cuenta de que había algo (o alguien) que quería que yo llegase hasta un sitio hasta el que yo ansiaba (sin saberlo) llegar.
Como una mancha gris en medio de un cuadro negro pasé por entre las vías del tren. Mis pies hacían crujir las piedras entre los raíles, y mis nervios aumentaban según me iba acercando a mi destino.
Allí, a la pálida luz de la luna llena, que se asomaba tímidamente entre las nubes que cubrían el cielo, estaba el pueblo de Satoigne... la villa que siempre había sido Satoigne, no aquél conjunto de casas casi nuevas edificadas en la falda de la montaña.
Al fijarme, vi luz en el interior de una de aquellas casuchas rodeadas de pútridos huertos de salud un tanto dudosa. Al acercarme me arrastré sobre la húmeda tierra de una de aquellas zonas de cultivo (que, curiosamente, no parecía haber sido trabajada desde hacía años) y conseguí llegar junto a la ventana de donde venía la temblorosa luz, arropado por las inescrutables sombras del huerto.
Se escuchó el quejoso gemido de una puerta vieja abriéndose en la casa. Una débil luz amarillenta y más bien tenue invadió parte del patio trasero (donde yo me encontraba entre las plantas) llegando a lamer la leprosa superficie de las hojas más cercanas a la casa. Lo que me obligó retroceder hasta donde las sombras me permitían pasar inadvertido. Entonces, un grupo de gente, vestidos de labradores, pasaron frente a mi escondite arrastrando los pies.
Cuando el primero de ellos se acercó lo suficiente lo escuché: un murmullo callado en sus labios, una canción entonada en voz baja que no había sido inventada ni entonada jamás por ningún ser humano corriente, una canción antigua como las estrellas que te hacía rememorar la oscuridad y la más muerta quietud que se puedan imaginar. Los demás también entonaban aquél son, con los ojos muertos y perdidos; con los rostros impasibles, como si no existiera nada de interés en lo que los rodeaba. Entonces pensé que tal vez no hacía falta esconderse, que tal vez ni siquiera mirarían... pero el miedo que me estrujaba el corazón no me dejó ni la opción de plantearme comprobarlo.
Aquella tétrica procesión caminó entre árboles grises que a la luz de la luna parecían muertos, entre grises piedras, entre arbustos grises... Siempre entonando su canción (que sin embargo nunca era la misma). A medida que nos acercábamos a nuestro objetivo ésta era cantada con mayor fuerza y convicción por los componentes de la marcha. Llegó un momento en que mis piernas temblorosas casi no podían caminar, ojalá me hubiese detenido y hubiera perdido de vista a aquél estrafalario grupo.
Pero seguí, continué persiguiendo la pequeña luz por la que se orientaban (aunque ahora dudo de si realmente necesitaban orientarse) hasta percatarme del sitio adonde se dirigían los pasos del guía del grupo. Me hice consciente de pronto del impresionante olor a humedad y de la leprosa putrefacción que invadía el bosque cuando pasábamos, una putrefacción reflejo de la esencia oscura y enfermiza de los "hombres" que iban delante de mí.
Súbitamente, como por la existencia de una acantilado inexistente, el imaginario camino que seguían los miembros de la procesión se cortó. Y todos los enlutados habitantes de Satoigne se detuvieron en el linde mismo del bosque, justo en el lugar donde el suelo era ya de arena blanca... en la orilla del profundo y oscuro lago de Satoigne.
Me di cuenta en ese preciso momento de que los hombres y mujeres que había seguido estaban casi totalmente rígidos, cosa que no me sorprendió demasiado porque me había fijado en su forma de caminar, con pasos arrastrados y evidenciando una descoordinación que, fuera del tétrico contexto de su alrededor, habría parecido incluso cómica. Pero su estática posición me ponía nervioso, y entonces pensé cuan estúpido había sido saliendo de la casa sin avisar a nadie (y más siendo mi objetivo seguir a estos pueblerinos en su paseo por el bosque).
Las figuras que más cerca estaban de la orilla, lamida por olas que antes no había advertido, sacaron algo de entre sus ropas para después lanzarlo lo más cerca posible del centro del muerto estanque.
Aquél lago no había tenido nunca pesca (que yo supiera), pero en aquellos momentos el agua hervía como si hubieran miles de salmones alborotando su superficie. Las repentinas olas que se alzaban a más de medio metro de altura desde el centro del lago me hicieron sentir un miedo y una sensación de monumental antigüedad... el lago negro en el lecho del valle y la luna blanca en lo alto, redonda, hoy como hace miles de años al comienzo de la tierra...
Cuando la última mujer se disponía a lanzar el correspondiente (sacrificio) objeto al lecho del lago creí ver algo a la luz pálida del satélite lunar: una advertencia que la reina de la noche me dedicaba para que no me acercase más a aquella gente ni a su pueblo... En el momento en que la mujer alzó su mano aferrando aquello, un reguero de sangre ennegrecida bajó por su pálido antebrazo descubierto, perdiéndose bajo la manga derecha de su vestido.
Sacrificio...
Entonces me di cuenta del cruel hecho que antes no había querido ver, ahora tomaba consciencia de que aquellas personas no iban al bosque para recoger setas... y yo estaba en medio de aquel rito, tal vez satánico, que osaban realizar en el pueblo desde Dios sabía cuando.
Pasada la locura inicial (fruto de no sé qué posible influencia mental) decidí volver a casa de Gerard...
Un sentimiento de miedo añadido al nerviosismo que me causó percatarme de mi situación me dominó.
Ya decidido a marchar hacia la parte alta de Satoigne, miré durante un ínfimo instante al lago. Ya se había calmado y estaba libre de todo tipo de olas o irregularidades en su superficie, que ahora permanecía estática y completamente lisa. La sensación que invadió mi mente destruyó de pronto toda la coherencia empírica que antes de aquella noche me caracterizaba: la certeza de mi infinitamente minúscula importancia frente al enorme océano que representaba el mar interminable del tiempo. La sensación de ser observado por la antigua luna, que ya estaba allí arriba mucho antes de que el hombre caminase completamente erguido, incluso antes que los dinosaurios caminasen por donde ahora se alzan ciudades como París o Barcelona.
Pero en aquel momento, mientras yo miraba aquel ancestral lago, sentí un ruido similar al que haría alguien arrastrando los pies detrás de mí...
Después de perder completamente la consciencia caí en un sueño intranquilo, con una sensación de vértigo que aún hoy, mientras escribo en este amarillento papel, persiste en mi cabeza. Era como si me viese cayendo en el remolino incesante del tiempo, recorriendo con mi inconsciencia el pasado: tratando de llegar a un momento y a unos recuerdos tan impactantes que luchaban en el Todo por ser comunicados.
***
Temblaba. Aquella noche hacía frío. Sabía que era de noche porque la luz del sol no se reflejaba en las piedras del fondo del río. Pero yo ya no miraba nunca al lecho de arena y piedras redondas, yo, y los compañeros que nadaban conmigo, tan sólo teníamos ojos para mirar hacia delante, hacia aquel destino tan incierto (pero que tan fuertemente nos atraía). Un destino para llegar al cual remontábamos el río saltando, y luchando contra la fuerte corriente... corriente que procedía del lugar que nosotros ansiábamos alcanzar.
Algunos de los que nadaban a mi lado al comienzo del viaje ya habían muerto de cansancio, pero eran muy pocos y ya los habíamos dejado atrás, ya no eran más que un nebuloso recuerdo ya no importaban...
No recuerdo demasiado bien esta parte del sueño, pero me sorprendió mucho el hecho de que no podía comprender la realidad como un ser humano, sino que simplemente tenía en la cabeza un almacén de imágenes, de recuerdos aislados y distanciados por una oscura bruma... Sólo importaba nadar, nadar hacia delante, hacia arriba y siempre contra corriente.
La corriente, que cada vez era más débil, me resultaba bastante agradable... Nadar contra corriente era el ejercicio que ansiaba realizar, parecía como si hubiese nacido y crecido para hacerlo bien en aquel momento de mi vida... Lo que no me planteaba mientras recorría el río dulce y vivo que constituía mi camino era la posibilidad de no tener adonde ir después de haber alcanzado mi meta.
El agua del río era clara, totalmente clara y cada vez más fría... pero al pasar determinada ensenada sentí una afluencia diferente, más cálida pero con un sabor de estancamiento que me desagradó al momento... si bien a pesar de que el agua que provenía de aquél sitio donde el suelo sería tan insalubre me repelía bastante, traté de encontrar el origen de la corriente: el pútrido afluente que traía esa agua a mi río.
Entonces, tras un dique de cañas y madera (que dejé atrás con un potente salto, arriesgándome incluso a caer fuera del margen fluvial) encontré el lago, en el que me hundí como una piedra tras mi corto vuelo.
El agua allí estaba teñida de un ligero tono mostaza, y numerosas partículas de algas muertas invadían el volumen líquido (mortífero para mis branquias). Comencé a sentirme muy mal, las aletas no hacían caso de lo que mandaba mi cerebro y noté cómo mi piel perdía consistencia e iba despegándose del resto de mi cuerpo... de los tendones y de los músculos, dejándome progresivamente "desnudo" entre las aguas pútridas que me rodeaban.
Dejé de nadar, solamente podía dejarme llevar por las caprichosas corrientes, tan leves como caricias empalagosas... como las caricias de la muerte.
Durante mi vagar entre restos de algas, y sobre las muertas plantas amarillentas que tenían aquél tono enfermizo tan característico del clímax del lago, seguí notando la precipitada degradación de mi ser. La verdad es que no dolía, como si hubiese nacido para tener un final similar a aquél, pero estaba perdiendo la vida demasiado rápido, y algo en mi instinto interior me decía que eso no era normal... Mis ojos se abrían cada vez más a pesar de no ver casi nada, me quedaba ciego, pero mi soñada enfermedad no me iba a librar de ver, entre las deformaciones de una ¿niebla? antinatural, la horripilante figura de aquel ser.
Aquello estaba rodeado por una especie de tinte de color mostaza apagado, como si de ese cuerpo muerto que alguna vez "caminó" sobre la tierra se desprendiese toda la peste y putrefacción que correspondía a ese ser: ese ser que, pese a estar muerto, no lo estaba y que aunque estuviese ahogado siempre respiraría.
La indescriptible figura de aquél ente era completamente horrible. Recorriendo la "bruma" amarillenta (sin quererlo, pero sin poder evitarlo) descubrí detalles del monstruo - dios del lago que jamás cualquier humano podría representar en palabras... porque no hay palabras para narrar lo indefinible, no para aquello que no debiera existir en ningún lugar de nuestro cosmos.
Vi los tentáculos (si se puede llamar así a los apéndices orgánicos que surgían de su cuerpo) que surgían de entre las muertas algas (las cuales o bien estaban muertas o bien formaban parte de la dimensión material de ese monstruo), la escamosa piel del dios del lago, corruptos tubos cuales venas grises que eran balanceadas por las decrépitas aguas del ancestral estanque.
Y admiré, con notable repugnancia, miedo y humildad, a la figura muerta del lecho del lago... cuando, de pronto, en el lugar más insospechado, se abrió un negro ojo sin color ni luz...
***
Me desperté aquí, en la habitación donde ahora estoy recostado contra la pared, una pared vieja, gris y repleta de manchas verdes de humedad. Aquí tomé consciencia de que no estaba muerto y de que todo aquello había pasado (incluido el sueño, que no era tal, sino que eran recuerdos de alguien o algo pero que ahora formaban parte de mí de igual modo que mi infancia y todos mis restantes recuerdos).
Ahora miro por la ventana de esta habitación y reconozco (aunque con cierta dificultad) el lugar donde me encuentro: el mismo sitio que siempre fue y siempre será Satoigne (pese a que no se vea ya la vieja villa). Ahora no queda ningún huerto, ni gente, y del pueblo nuevo solo se advierten restos de edificios, mientras que el valle ha desaparecido por completo.
Incluso han desaparecido las montañas. Y todo lo que ahora puedo ver desde la ventana es una serie de colinas arenosas donde antes habían rocas y afilados picos.... Un desierto (seguramente milenario) coronado por un sol frío, violáceo, que no tardará demasiado en extinguirse. Pero en medio de la escena que contemplo desde este vano sin cristal que antes formaba parte de una vivienda humana está el lago de Satoigne, en el fondo del cual aún hoy vive en muerte la entidad que duerme soñando el día en que volverá a caminar de nuevo...
Ahora tengo frío y supongo que lo que ahora veo son alucinaciones, productos de mi locura... Pero aunque sé que digo la verdad al decir que nadie vive ya en estos parajes (ni en ningún lugar de la tierra) aún espero que alguien encuentre lo escrito en este viejo, podrido y húmedo cuaderno.
por vincente marti.
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